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¿Dónde pasa Dios ocho horas por día?

¿Dónde pasa Dios ocho horas por día?

Tal vez nunca te detuviste a pensar, pero ¿dónde es que Dios pasa ocho horas por día?

Obvio que sabemos que Dios está fuera del tiempo y el espacio. Ambas cosas son obras suyas, por lo tanto, no está sujeto a esas contingencias. Sin embargo, cada vez que Dios necesita interactuar con el ser humano, lo hace dentro del tiempo y del espacio para y en el cual el hombre fue creado.

Con esto, la pregunta toma un carácter más objetivo. Al fin y al cabo, si seres angelicales tienen sus manifestaciones dentro de este ámbito (como en el libro de Salmos 34:7 – de “El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende”) o cuando Dios desciende al monte en medio del fuego (Éxodo 19:18) o cuando Dios llena el templo con su presencia en un escenario histórico, geográfico, político real (Isaías 6) por citar algunos ejemplos.

Vale entonces la pregunta, ¿Dónde pasa Dios ocho horas por día? Tal vez algunos responderían “en la iglesia” (suponiendo que la iglesia es un lugar físico, por ejemplo). Otros dirían “en la iglesia” (suponiendo que la iglesia es una cosa mística del más allá que no toca lo cotidiano). Otros, dirían “en todos los lugares”. Otros, rozando el panteísmo o manifestándolo plenamente: “en todas las cosas”.

Pero la pregunta sigue siendo válida. Si miramos la vida de Jesús, la respuesta es sorprendente.

Jesús trabajó más de lo que predicó

Existe una diferencia brutal en el tiempo que Jesús trabajó (algo así como 20 y tantos años) y lo que predicó (alrededor de tres años). Redondeando: el 90% de su vida la dedicó al aprendizaje y a la vida profesional mientras que poco más del 9% lo invirtió en el ministerio.

Acompañó a su padrastro aprendiendo el oficio de él, la manera de tratar con las personas, la forma de analizar los materiales, cómo trabajar ese material para satisfacer al cliente. Debe haber pasado por fases buenas y malas. Plazos, calidad, esfuerzo, cansancio.

¿Por qué Dios decidió manifestar a su hijo de esta forma?

La división que inventamos

Sin darnos cuenta, aprendimos a dividir la vida en dos territorios: lo sacro y lo profano.

La “iglesia” (que para muchos significa la construcción física y no las personas como en la Biblia), pero – como venía diciendo – la “iglesia” se volvió un lugar sagrado. Sería el lugar de contacto entre lo terrenal y lo divino. Un pedazo de terreno santo en el que se camina diferente, se habla diferente, se piensa diferente de lo que “en el mundo”. Y eso con mayor énfasis los domingos a la noche durante 90 minutos en un ritual que se repite hasta el cansancio.

Es verdad que en la vieja alianza (o en el viejo testamento si querés) había una separación rígida bien establecida. En lugar de las relaciones orgiásticas que los pueblos practicaban, la propuesta que Dios entregó al pueblo hebreo cuando lo eligió, incluía una separación de lo santo con lo sagrado que se ve claramente en la zarza ardiendo, en el velo de Moisés, en la institución del sacerdocio, en la tienda de la revelación durante el desierto, en el templo de Salomón con toda su gloria y en el segundo templo con todo aquel esplendor terrenal que Herodes el Grande le dio.

En el nuevo pacto. En la exacta consumación del sacrificio sacerdotal perfecto, el velo del templo se rasgó. Mateo 27:51ss lo describe de forma espléndida, con unos detalles difíciles de aceptar o creer pero completamente compatibles con lo que estaba sucediendo: un nuevo reino (ocupando exactamente el mismo tiempo y espacio del reino anterior – Romanos 5:21ss) acababa de ser inaugurado y – a diferencia del pensamiento popular – la redención de la creación completa había comenzado (no solo del alma de algunos seres humanos).

Entonces, como decía, este nuevo pacto, o alianza, o testamento, o era, es gradualmente percibido por los primeros discípulos y va tomando forma y extendiéndose. Esto lleva, obligatoriamente, a tener que leer e interpretar de nuevo un montón de cosas, pero lo que queda claro es que aquello planeado, prometido y esperado en el antiguo testamento se cristalizaba ahora en el nuevo. ¿Y qué vemos en las cartas de los apóstoles y del autor del libro a los hebreos y de los discípulos de los apóstoles? Todos ellos en sus cartas, tratan de la vida común porque es allí donde la fe se vuelve concreta.

El trabajo revela quién realmente somos

Tal vez Dios pase tantas horas con nosotros en el trabajo porque es allí donde las máscaras duran menos.

Por un momento imaginate en esos 90 minutos de culto comunitario localizado repetitivo. No hay sorpresas, por lo tanto, no hay renovación de pensamiento. Tampoco hay mucho lugar para la impaciencia, o la mentira, o el orgullo. Si te conozco solo del domingo a la noche, los dos vamos a llevar la impresión de que somos casi santos (no en el sentido de llamados escogidos, sino el de personas de conducta y pensamiento intachable).

Ahora, dejame acompañarte al trabajo algunos días. Sin que sepas que soy pastor evangélico o tu hermano de fe. Solo un colega nuevo de trabajo. O al revés, vos me acompañás a mi trabajo. Vos que entraste a trabajar en el mismo ambiente laboral que yo el lunes pasado.

Es allí donde vamos a conocer y dar a conocer la paciencia, el orgullo, la ambición, la mentira, la justicia, la generosidad, el perdón. La oficina, el taller, el aula o la fábrica funcionan como laboratorio de la verdadera santificación.

No hay más distinción entre un lugar sagrado y otro profano. Lo que hay es el Reino de Dios (o el Reino de los Cielos, depende de cuál evangelista te guste) avanzando y las puertas del hades siendo derribadas por el movimiento de los hijos de Dios.

El trabajo nunca fue una maldición

El Pecado hizo que el trabajo fuera pesado, no que el trabajo sea una invención del Pecado. (Aviso para los navegantes, la distinción de usus-loquendi entre “pecado” – con minúscula – y “Pecado” se debe a distinguir el primero como las decisiones personales contra la voluntad de Dios mientras que el segundo es el reino del pecado inaugurado con la caída del hombre – Rom.5:12..)

El trabajo nunca fue castigo; fue plan original. Desde el principio, Dios puso al hombre en el jardín para “cultivarlo y cuidarlo” (Gn 2:15) y le dio propósito para dominar y llenar la tierra (Gn 1:28). Los dos relatos de la creación contienen esta misma idea.

Lo que se convirtió en castigo fue la frustración y el dolor que entraron con la caída: “con sufrimiento sacarás… tu pan… con el sudor de tu rostro” (Gn.3:17-19), y hasta los dolores de parto apuntan a esta realidad de la tribulación (Gn. 3:16). Por eso la creación gime “con dolores de parto” (Rm 8:19-22) mientras el propio Dios no desiste de ella: su restauración continúa hasta la consumación de la “nueva tierra”, cuando todo es hecho nuevo (Ap. 21:1-5). Así, el reino aquí y ahora, es continuación del plan original, y también en la manifestación final habrá servicio en el mundo renovado – no castigo (Ap 21:3-4; 22:3-5).

Antes de la caída, entonces, ya existían cultivo, cuidado, creatividad, organización, responsabilidad. El mandato cultural viene antes del pecado. El cansancio es consecuencia de la caída; el trabajo no.

Y simplificando el último párrafo grande (pero sin el cual estaría dejando en oscuro sobre la visión bíblica): Trabajar forma parte de la imagen de Dios. Creamos porque fuimos creados por un Creador.

Dios sigue trabajando

Jesús dijo: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo” (Jn 5:17). Esa frase no es una broma.

Entendemos que la Biblia es la única regla de fe y práctica. Y también entendemos que es una auto-revelación progresiva de Dios en las vestiduras de experiencia humana. Por lo tanto, si Jesús (manifestación máxima de la palabra de Dios) está diciendo que las cosas son de una manera, podemos descansar que es exactamente de esa manera y de ninguna otra por más parecida que sea.

Dios no descansó de la creación porque perdió el interés en ella. Él sigue sosteniendo, gobernando, reconciliando y conduciendo la historia. El trabajo digno es el reflejo de ese Dios que permanece activo.

Una última mirada sobre la eternidad

En párrafos anteriores te pinché un poco con la idea de que la eternidad es un tiempo/espacio de servicio. Lo dejé en remojo porque tal vez ya era mucho con aquello de que el trabajo no es un castigo divino. Vení conmigo ahora a echar un vistazo por el otro extremo de la historia.

Tal vez nuestra imaginación sobre el cielo (como morada de Dios y de donde desciende la Jerusalén celestial) sea demasiado pequeña.

No es difícil encontrar las caricaturas limitantes de nubes, angelitos con alas, arpas, sonrisas tipo propaganda de gelatina o margarina… en fin.

La Biblia cierra su relato con una ciudad, no con un jardín vacío. Hay cultura, reyes trayendo su gloria, servicio, creatividad, gobierno y plenitud. No trabajaremos para sobrevivir, sino porque la creación finalmente será lo que siempre debió haber sido. El trabajo deja de ser supervivencia para volver a ser alegría.

Finalmente

Tal vez la pregunta nunca haya sido cómo servir a Dios en el trabajo.

Muchas veces se escuchan historias pseudo-gloriosas de personas que roban a sus patrones usando las horas de trabajo para una acción evangelista proselitista.

Otros han entendido que “Llevar a Cristo a la oficina” es cargar un crucifijo o leer la Biblia en público. Y otras cosas similares a estas.

Es muy probable que no se trate de cómo Servir a Dios en el trabajo, sino de descubrir que Él ya está trabajando allí mucho antes de que lleguemos y es muy probable que la única Biblia que las personas lean alguna vez en la vida, sea solo esas ocho horas que pasan junto con nosotros en el trabajo.

¿Cómo sería una empresa donde Jesús trabajara ocho horas por día?


Y, siendo aún más incómodo: ¿Será que ya trabaja en la tuya?